Las inundaciones y los deslizamientos de tierra devastaron localidades del Himalaya, destruyeron infraestructura y complicaron las tareas de rescate. Entre los desaparecidos hay cientos de extranjeros.
Al menos 160 personas murieron y más de 400 permanecían desaparecidas tras las repentinas inundaciones que afectaron zonas de la frontera entre Nepal y China. El desastre arrasó viviendas, carreteras, puentes y centrales eléctricas en distintos puntos del Himalaya y dejó a numerosas comunidades aisladas.
En Nepal se recuperaron al menos 157 cuerpos, mientras que las autoridades chinas reportaron tres fallecidos y 265 desaparecidos en el condado de Gyirong, en el Tíbet. Entre las personas buscadas en territorio nepalí hay 403 desaparecidos, incluidos ciudadanos de Estados Unidos, Australia, Canadá, Alemania, Malasia e Israel.
El fenómeno habría comenzado con un potente deslizamiento de tierra que cayó sobre un río en la zona fronteriza. El Servicio Geológico de Estados Unidos determinó posteriormente que el movimiento del terreno había generado el registro sísmico inicialmente interpretado como un terremoto de magnitud 4,4 y estimó una magnitud equivalente a 5,2.
El distrito nepalí de Rasuwa fue uno de los más afectados. La crecida golpeó localidades próximas a uno de los principales pasos terrestres hacia el Tíbet y dañó al menos 19 puentes y unos 40 kilómetros de carreteras, además de afectar instalaciones hidroeléctricas y otras infraestructuras esenciales para las tareas de emergencia.
Las autoridades de Nepal declararon zona de desastre a las áreas afectadas durante tres meses y desplegaron helicópteros militares y privados para las operaciones de búsqueda y rescate. El Ejército logró evacuar a más de un centenar de personas, mientras continúan los trabajos para restablecer las comunicaciones, el suministro eléctrico y las rutas de acceso.
El presidente chino, Xi Jinping, ordenó extremar los esfuerzos para localizar a los desaparecidos y asistir a los heridos, mientras equipos de rescate trabajan para despejar las carreteras en Gyirong. Estados Unidos y Corea del Sur también activaron mecanismos de asistencia para sus ciudadanos afectados, entre ellos nueve surcoreanos desaparecidos que trabajaban en la construcción de una central hidroeléctrica.


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