De déficit estructural a superávit fiscal: el giro financiero bajo la gestión Figueroa

Antes del recambio de gestión, la provincia arrastraba mayor nivel de deuda, contratos de obra observados y gastos como alquiler de vehículos y celulares para uso político. Hoy redujo el stock de deuda, dio de baja convenios perjudiciales, eliminó gastos superfluos y mantiene más del 90% de la obra pública en ejecución con recursos propios.

Al asumir la gestión, Neuquén enfrentaba un panorama financiero con elevados niveles de deuda y una proporción importante de pasivos destinados a cubrir gastos corrientes. En el ejercicio 2025, ese escenario cambió de forma notable: el stock de deuda pública provincial se redujo en alrededor de un 38 % respecto al inicio de la gestión, al pasar de casi 1.270 millones de dólares a cerca de 780 millones, el nivel más bajo en más de dos décadas.

La disminución del endeudamiento se tradujo en menores costos financieros por intereses, lo que liberó recursos para destinarlos a áreas prioritarias del presupuesto y permitió que la provincia cerrara el ejercicio con superávit financiero y operativo por segundo año consecutivo, algo que no ocurría desde hacía más de 20 años.

Gran parte de este avance se explica por una política de administración austera que incluyó la revisión de contratos y acuerdos financieros, así como la eliminación de gastos considerados no prioritarios. Si bien en años anteriores la provincia había recurrido al financiamiento externo para cubrir compromisos corrientes y obligaciones diversas, bajo la gestión actual se priorizó la renegociación y cancelación anticipada de letras y bonos emitidos por gestiones previas, con el objetivo de evitar nuevas emisiones de deuda para gasto operativo y dar mayor previsibilidad a las cuentas públicas.

Otro elemento clave del giro fiscal fue la financiación de la obra pública con fondos provinciales en más del 90 % de los casos, según destacaron autoridades de Hacienda. Esta estrategia permitió reactivar e impulsar proyectos de infraestructura sin aumentar la dependencia de créditos externos ni comprometer la estabilidad financiera.

Este enfoque contrastó con la dinámica de ejercicios anteriores, donde gran parte de la ejecución de obra dependía de financiamiento de terceros, reduciendo la autonomía fiscal. La nueva política, orientada a usar recursos propios, reforzó además la capacidad de planificación y ejecución de obras que impactan en rutas, servicios básicos y provisión de infraestructura social.

Gracias a estas medidas, Neuquén no sólo logró revertir el déficit estructural heredado de administraciones pasadas, sino que también mejoró su autonomía fiscal y escaló posiciones en los rankings interprovinciales de solidez financiera. De acuerdo con las cifras oficiales, la relación entre deuda y los ingresos totales del ejercicio se ubica en su nivel más bajo en décadas, lo que fortalece la capacidad de la provincia para afrontar sus compromisos con menor presión sobre el presupuesto y destinar más recursos a políticas públicas.

Este cambio en la ecuación fiscal de Neuquén representa una de las transformaciones más relevantes en la gestión económica provincial de los últimos años, marcando una “hoja de ruta” orientada al equilibrio y al crecimiento sustentable.

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