La firma Logischem S.A., en cuyo depósito se desató el siniestro, albergaba sustancias extremadamente peligrosas: desde garrafas de gas butano hasta más de 25.000 kg de fósforo rojo y reactivos tóxicos. La investigación judicial apunta ahora a la seguridad y el almacenamiento de esos químicos.
El incendio comenzó en un galpón de la empresa Logischem S.A., ubicada en el Polígono Industrial de Spegazzini. En ese depósito se guardaban grandes cantidades de productos inflamables, entre ellos garrafas de gas butano destinadas a mecheros portátiles. La presencia de estos envases presurizados generó un riesgo inmediato de explosiones y contribuyó a que el fuego se expandiera con rapidez.
Dentro de la firma también se almacenaban sustancias químicas de alta peligrosidad, como hidrosulfito de sodio, aluminio metálico, cianuro y bromuro de metilo. Además, había materiales que reaccionan de forma violenta al contacto con el agua, como fósforo sólido y aluminio en polvo. Esta combinación de reactivos multiplica la peligrosidad ante cualquier foco ígneo.
El responsable técnico de la empresa informó que en el lugar había aproximadamente 25.000 kilos de fósforo rojo y 16.000 kilos de aluminio en polvo, dos sustancias extremadamente combustibles. Ese volumen convirtió al depósito en un verdadero polvorín químico. Ahora, las pericias deberán determinar si el almacenamiento cumplía con los protocolos y si una falla en el manejo de estos materiales pudo haber detonado el siniestro.

Deja un comentario