El jefe de la barra de Rosario Central y su amigo Daniel “Rana” Attardo fueron emboscados y acribillados tras un partido. A doce meses del hecho, la investigación avanza sin resultados concretos y la violencia sigue latente en la ciudad.
El pasado domingo se cumplió un año del crimen de Andrés “Pillín” Bracamonte, histórico líder de la barra de Rosario Central, y de su amigo Daniel “Rana” Attardo. Ambos fueron asesinados el 9 de noviembre de 2024 luego de una emboscada en las inmediaciones del Gigante de Arroyito, tras la derrota del equipo frente a San Lorenzo. El episodio marcó uno de los momentos más tensos para Rosario, una ciudad acostumbrada a convivir con la violencia.
A doce meses del doble homicidio, la causa judicial apenas registra avances. Hay cinco imputados —tres por encubrimiento y dos como partícipes necesarios—, pero ningún autor directo identificado. Los investigadores sospechan que detrás del ataque estuvieron Los Menores, una banda narco que buscaba quedarse con el control de la tribuna canalla.
Tras el asesinato, el liderazgo de la barra fue asumido por Lautaro “Laucha” Ghiselli, hoy detenido por asociación ilícita. Su ascenso habría sido promovido por Matías Gazzani, jefe de Los Menores y uno de los prófugos más buscados de Santa Fe, según fuentes policiales.
La noche del crimen, Bracamonte y Attardo salieron del estadio y subieron a su camioneta sin notar que un auto los seguía. Al llegar a una calle donde se había producido un apagón, dos hombres descendieron del vehículo y dispararon al menos once veces. Ambos murieron en el acto, en medio de los gritos y el pánico de los testigos.
El propio Bracamonte había advertido en vida sobre el riesgo de un final violento. Tras sobrevivir a casi treinta atentados, había dicho: “Si me matan, la ciudad se incendia. Los Menores se quieren quedar con parte de la ciudad”. Su predicción resonó con fuerza tras su muerte.
Un año después, el miedo persiste y la justicia sigue sin respuestas. El crimen que prometía desatar una guerra narco en Rosario hoy permanece envuelto en silencio, entre la impunidad y la sensación de que todo podría volver a repetirse.

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